Gestionando mi estrés


La ansiedad y el estrés están muy a menudo interrelacionados. La ansiedad es un estado de espera, en el que nos preparamos para afrontar una situación potencialmente amenazadora, mientras el estrés es nuestra respuesta a una demanda de recursos necesarios para afrontar esta situación. La ansiedad y el estrés no son de por sí emociones negativas, sino mecanismos específicos de defensa.

El estrés surge de una demanda que nos viene del exterior o del interior y que produce en nosotros un cambio. Si no sintiésemos estrés no habría ninguna posibilidad para nosotros de adaptarnos a las diferentes situaciones y por lo tanto no tendríamos ninguna posibilidad de crecimiento.

Los efectos que produce a nivel físico son: Un aumento del nivel de adrenalina y demanda de oxígeno en la sangre. La respiración se hace más superficial. Disminuye la secreción de la saliva. Aumenta la tensión muscular. Se incrementa la producción de cortisol, conocida también como la hormona del estrés.

Todo esto produce un aumento de energía que nos permite enfrentarnos a una situación particularmente difícil. Nuestro organismo puede mantener este nivel de tensión sólo por un determinado período de tiempo, más allá del cual sufrirá un desequilibrio. De prolongarse mucho este desequilibrio se reducen nuestras defensas inmunológicas, volviéndonos más vulnerables a las enfermedades.

Hay que diferenciar entre estrés positivo (eutrés) y estrés negativo (distrés). Aunque se asocia la idea del estrés a personas hiper productivas, en realidad incluso la inactividad puede conducir al estrés llamado negativo.  Las personas más vulnerables al estrés negativo son los jubilados y las personas insatisfechas de su actividad laboral y en general de su vida. El estrés negativo coincide con un estado de tristeza, de frustración, de irritabilidad y de insomnio causado por un período prolongado de inactividad.

El plantearnos objetivos demasiado ambiciosos puede ser fuente de estrés, pero también el no tener ningún objetivo en la vida, el no tener una meta que dé significado a nuestra existencia.

Mantener la calma y la concentración incluso en medio de una turbulencia es el secreto de la salud y de la longevidad. Al igual que cualquier estado emocional, el estrés puede ser gestionado mediante el control de tres factores cruciales:

LA FISIOLOGÍA está estrechamente relacionada con los distintos estados emocionales, tanto que al variar la primera varían los segundos y viceversa. Para atenuar un estado de ansiedad lo primero que hay que hacer es controlar la propia respiración, porque la ansiedad y el estrés van asociados con una respiración superficial llamada torácica.

La respiración torácica superficial puede causar: cansancio crónico e intermitente, dolor en el tórax y palpitaciones, hormigueo y dolor en los brazos, piernas, manos, etc., calambres musculares en el cuello, los hombros y la espalda, dolores en el estómago y gases, molestias generales, sudores nocturnos. Una buena respiración exige la utilización del diafragma, el músculo que separa la cavidad torácica de la abdominal.

EL LENGUAJE. Comunicarnos positivamente con nosotros mismos es otra estrategia para enfrentarnos al estrés.  A menudo las personas estresadas utilizan la palabra “problema” a la que se añaden otras expresiones del tipo: “no conseguiré nunca hacerlo todo”, “estoy demasiado nervioso”, “no hago nada bien”, etc.

El lenguaje ejerce un poder casi mágico sobre nuestra mente, tanto como para condicionar nuestro estado emocional. Las palabras nos hipnotizan. El uso frecuente de la palabra “problema”, por ejemplo, no hace otra cosa que aumentar nuestro nivel de estrés, nos hace sentir como enjaulados en la situación, sin posibilidad de salida; es como si tuviésemos una maza pesadísima sobre nuestra cabeza o una espada de Damocles a punto de caer sobre nosotros.

Prestá, por lo tanto, atención a tu lenguaje, a las expresiones que utilizas. Sustituye, por ejemplo, la palabra “problema” por expresiones positivas y menos estresantes comodesafío” o “situación para resolver”. 

EL FOCUS. Mantener el enfoque sobre el problema o sobre sus causas, en lugar de concentrarse en las soluciones es otro modo de intensificar nuestro estado de tensión y estrés.

La mejor manera de afrontar una situación, sin dejarnos llevar por ella, es mantener nuestra atención en su solución, proyectándonos al futuro.

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1 comentario en “Gestionando mi estrés”

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