Dejar pasar es un arte


Mucho de mi tiempo lo empleo en examinar mi vida, quiero cumplir metas que me he propuesto, pero más aun, quiero vivir plenamente todos los años que me quedan de vida, que no se cuántos son.

Parte de lo que he aprendido últimamente (años atrás) es a hacer mejor control de mis emociones, a pasar las páginas rápidamente y a no dedicarle tiempo a cosas o personas que no merecen la pena.  No se si leíste mi artículo hace unos meses atrás de ESA NO SOY YO.  A aquellos que tienen mucho tiempo de no tratarme les tengo una buena noticia NO ME CONOCEN, he hecho muchos cambios en mi vida y estoy trabajando en otros, muchos más, me estoy RE-CREANDO, en dos sentidos, volviéndome a hacer y disfrutando de mi nuevo yo aplicando lo que aprendo.

Y me encontré con el Mindfulness o atención plena (aunque no es la traducción que le hace justicia) y me di cuenta de lo maravilloso que es vivir en aquí y el ahora, si creo que el pasado es una referencia de vida y el futuro una vida en referencia, pero lo que tengo y con lo que cuento es mi presente.  Muchas personas usan el pasado como sofá se pierden del hoy, por el rencor, el odio, el resentimiento y otros por estar llorando, ansiosos, asustados con el futuro, les sucede lo mismo también.  Y es donde el ocuparse y no el pre-ocuparse, tiene sentido.

Tengo que aclararte que no es que la vida no me importe o deje pasar las cosas, no disimulo la realidad, pero me enfoco a que mi gasto de energía sea positivo.  Como no disimulo la realidad, trato de analizarla y ver que la origina porque el síndrome del avestruz no funciona, no puedo enterrar la cabeza negándola o “tapándome los ojos”.   Mantengo activa la empatía, sensibilidad social, inteligencia emocional o lo que prefiero llamar compasión, entiendo mi dolor para entender el dolor de los demás.   Aprendí que antes de ser empática debo ser ecpática, si quiero entenderte debo entenderme.

Te podés preguntar por qué el dolor, porque la risa es contagiosa y la felicidad es más fácil de entender.  No olvido las cosas que me duelen o me han dolido, pero no me entretengo en ellas y aquellas cosas que no puedo cambiar no me resigno a aceptarlas en vez de resignación, he descubierto una nueva emoción la REASIGNACIÓN y les doy un nuevo valor, menos victimista y menos dañino.

Para los que se preguntan, la práctica del mindfulness no es para reforzar narcisismo, impulsividad y egocentrismo, al contrario, en enfoque es disfrutar de mi aquí y mi ahora entendiendo que estoy rodeado de personas y que mi realidad está llena de ellas, yo no construyo desde mi yo, sino desde mi YO SOY.  Cuando escribo mi nombre completo entiendo que mis apellidos son mi herencia, construcciones de otros y de muchas cosas que no puedo cambiar, pero mi nombre es lo mío, asociado con mi ser, es lo que construyo a diario, no soy NORA, esa es mi marca, mi “razón social”.

Dejar pasar no es negligencia, falta de interés, apatía o desatención, por el contrario, el dejar pasar hace referencia a otras cualidades muy valiosas que entrenamos en la práctica del mindfulness: la observación atenta de los procesos y el permitir que algunas cosas (o fenómenos) se desplieguen, ocurran sin más, sin nuestra intervención, la paciencia para no arremeter contra aquello que necesita tiempo para madurar, el silencio contemplativo, la confianza en nosotros mismos y una dosis importante de humildad. No todo puede controlarse.

En nuestra vida hay muchas cosas que debemos dejar pasar, pero siempre manteniendo una mente en foco, compasiva y comprometida, que no se esconde tras una desensibilizada y hermética coraza del mundo que nos toca caminar.

Te espero en la cima

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