¿Dónde vive la felicidad?


Te has preguntado alguna vez ¿dónde vive la felicidad? para ir a buscarla.  Nacimos para ser felices, aunque algunos enfatizan que nacimos llorando, siempre estamos referenciando nuestra felicidad a las personas o las cosas a nuestro alrededor.  Muchos piensan que tener de todo (bienes materiales) es lo que te hace feliz, entonces los millonarios deberían ser las personas más felices del mundo.  ¿Por qué no les preguntamos?

Para muchos, ser felices se ha convertido en una meta, más que en un camino. La cultura, la educación o la sociedad han implantado valores o creencias en torno a lo que nos hace verdaderamente felices:  el dinero y los bienes materiales son fundamentales, mientras que, para otros, la felicidad se relaciona con la estabilidad.

Muchos de lo logros que nos llevan a tener, contribuyen a nuestra felicidad, pero la felicidad es una puerta que de abre para adentro.   Preguntate cuanto te dura la felicidad de: un aumento, de un carro, de una joya…   compará entonces con la felicidad de un hijo, de un logro personal, de encontrar un amigo de infancia….  Podés decirme que son distintos tipos de felicidad y te lo acepto, pero no hablo de los tipos sino de la duración… tiempo no momentos.

La felicidad no es algo ya hecho. Se trata de tus propias acciones.”     Dalai Lama

Vivir intensa y apionadamente, disfrutar lo que la vida trae, dejarte sorprender, tomar decisiones sabias, relajarte, vivir tu aquí y tu ahora.   Soltar el pasado, la búsqueda de la excelencia, que no es perfección, el trabajar para ser la mejor versión de vo mismo, son cosas que hacen feliz.

El científico Robert Waldinger, de la Universidad de Harvard, analizó a 724 personas, desde 1938 hasta ahora, para comprender los factores que las hacían felices. Waldinger asegura que ni el dinero ni la fama nos garantiza la felicidad. La clave está en las relaciones sociales (valorar y apreciar a los demás), basadas en la confianza y el respeto.   Como decía Benjamin Franklin, “la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

Para alcanzar la felicidad, tan solo debemos buscar la abundancia espiritual; promover la prosperidad en nuestra vida —y en la de los demás— y afianzar las relaciones con las personas de nuestro entorno.

TE ESPERO EN LA CIMA

 

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