El recuerdo de mis abuelos


Cuando era pequeña, miraba viejita a mi abuela materna, que se estrenó conmigo a los 40 añitos… un poco más grande la observaba y me preguntaba qué pensará, que pasará por su cabeza cuando su mirada se perdía en algún punto. Hoy no tengo más abuelos… y a mis 64 años pienso en mi inminente ancianidad, muchos niños que caminan a mi lado me han der ver como la viejilla de bastón…. aún no soy abuela.

Me tocó dar un taller a un grupo de muchachos jóvenes y vi claramente que es muy temprano para que piensen en la vejez, sin embargo, les invito a reflexionar que eventualmente el camino de la vida los va a llevar a las canas, las arrugas, el andar lento….

Algunos sentimos debilidad por los llamados abuelitos sobre todo si son tiernos y dependientes, aunque hay otros cascarrabias y refunfuñones. Cuando veo a alguno en situación de calle, me paro y le pregunto cualquier cosa, platico con ellos en a sala de espera del doctor, en la fila del banco, o de supermercado. Sé que ellos aprecian ese minuto de conversación, alguna vez alguien lo hará conmigo.  No es que no sea vieja, no soy anciana…. todavía.

Sentirse queridos y útiles.  Lo veo en mi papá que tiene 86 años, es una de sus preocupaciones y lo traduce en querer regalar, llevar frutas, cuidar un niño, en fin. Aunque nosotros no vemos ese deseo ya que cada uno tiene sus ocupaciones y no se preocupa por estar sentado en un sofa o mecedora viendo pasar el día, él si, hay día que pienso que entre dormir y comer, se le debe hacer impresionantemente largo.

La inmediatez y la velocidad de la vida hace que perdamos la paciencia de escuchar los cuentos repetidos, las historia de familiares a los que nunca conocí,  las noticias de la semana pasada que ya dejaron de serlo. pero lo importante en ese momento para ellos es ser escuchados, que uno le preste atención.

Qué más les puede quedar a ellos sino conversar, reír y aceptar todas nuestras invitaciones para que sean más felices; y que más nos puede quedar a nosotros sino atenderlos, escucharlos, comprarles un dulcecito y pasear un rato con ellos.  Estos pueden ser tus abuelos o tus padres… ya te llegará el tiempo….

Junto a ellos siempre habrá momentos para recordar o aprender de tu historia, de su historia, de eventos que nunca vas a vivir y que hace parte de tu legado.

Los abuelitos son distintos a los padres, ellos sí nos permitieron todo en nuestra niñez, y hasta grandes diría yo. Pero también necesitan de uno, y lo más costoso que pueden pedir es que uno los escuche, que los llame de vez en cuando, preguntarles cómo están, invitarlos a comer un heladito… Si tener padres es una dicha, tener abuelos es una doble dicha… en algún momento de mi vida he añorado esa dulzura, ese elogio, ese panecillo con aceite de oliva, ese cuento, ese “a San Francisco o le gusta..” que alguna vez tuve de mis abuelos….

Te espero en la cima

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