Las lecciones de mis abuelos


Tengo una deuda de gratitud con aquellos que lucharon incansablemente para que hoy yo pueda ser lo que soy y estoy convencida de que a vos te pasa lo mismo. Nuestro éxito no es realmente de nosotros; es de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, en mi caso tatarabuelos,  quienes se sacrificaron por años para que hoy podamos tener la vida que tenemos.

Cuando salgo a la calle a buscar nuevos negocios me vienen a la mente todos ellos, pequeños empresarios, emprendedores, innovadores, creativos pero sobre todo trabajadores incansables y perseverantes.  Si soy lo que soy, es gracias a que ellos abrieron el camino para que yo pudiera tener la educación que ellos no tuvieron;  para que pudiera soñar más allá de lo que los sueños de ellos lograron volar. Gracias a esas personas en mi vida, al igual que en la tuya, es que hemos podido acceder a las oportunidades que a ellos nunca se les presentaron.  Me llenaron de maravillosas lecciones que hoy, a mis años atesoro y valoro.  Aprendí con ellos que:

1) Hacer todo con calidad, para mi madre Carmen y mi abuela Fanny la calidad no era negociable.  Eran tan exigentes, que preferían ellas mismas hacer muchas cosas para que quedarán bien.   Mi madre cosía ropa y mi abuela era la genio de las manualidades, de cualquier cosa sacaba un adorno, aprendió a hacer peluches solita. Sin decirlo, para ellas la calidad era el principio de todo. 

Lección aprendida: Sin calidad cualquier acción comercial tendrá poco sentido. Aquí aplicaría la famosa frase de David Ogilvy, “Un buen marketing hace que un mal producto fracase más rápido”. Si no lo hacés bien desde el comienzo, ni lo publiqués. Ahorrate el comercial.

2) Siempre hay que estar listos.  Mi abuela Carmen, la abuela de mi madre, era como los scouts: “Siempre lista”.  Tenía una tienda, el Bazar Italiano (era casada con uno), como buen negocio familiar, sus principales clientes eran amigos y conocidos.  Vendía telas, adornos, pastas y aceite de oliva (importados de Italia). Ponía en la entrada de la tienda el arreglo de la ocasión para aumentar las ventas: navidad, día del trabajo, la candelaria, día de la madre, año nuevo, día del maestro, … en fin, hoy entiendo la idea, era la “visual merchandising” preparándose para las festividades (algunas inventadas). 

Lección aprendida: Estar siempre lista para atender a los clientes y cuidar de los detalles. Estar siempre lista implica creatividad para resolver los retos.

3) Propósito superior. No trabajaban por trabajar, trabajaban con propósito: llevar una vida significativa y con sentido. Por supuesto no le daban un nombre tan sofisticado.  Todos tenían una clara inspiración para levantarse cada mañana: Sacar su familia adelante.  Mi abuelo Aniello vendiendo telas puerta a puerta, mi abuelo Julio vendiendo madera… entre los dos profesionalizaron 10 personas, mis padres y mis tíos.

Lección aprendida: Tener un propósito, cualquiera sea el trabajo que desempeñemos, hace la diferencia entre la inspiración y la desesperación. Conectarse con algo más grande que nosotros mismos y encontrar significado es lo que le da sentido a la vida y nos alienta en los momentos difíciles. Es esa fuerza que nos mueve cuando literalmente no tenemos aliento de seguir adelante y queremos mandar todo al diablo.

4) Al mal cliente buena cara. O como dirían ellos:  “hacer de tripas, chorizo”.  Mi abuela Evangelina tenía una admirable paciencia para tratar con los clientes, especialmente con aquellos groseros o impaciente. Su paciencia era infinita. Tenía claro que el negocio que le daba sustento a su familia, y que a veces había que sonreír aunque por dentro quisiera mandar a la punta de un cerro a alguien.

Lección aprendida: Aunque a veces nos encontremos con clientes no tan amables, es parte del proceso, es parte de lo que significa sacar un negocio adelante.

5) Ojo con la diversificación. Por supuesto que ninguno de mis abuelos hablaban de diversificación, hablaba de centrarse en aquello que sabían hacer mejor y construían sobre eso. Tenían claro que innovar tenía sus límites, por supuesto que esa lección llegó a mis padres. Cuando mi madre abrió su tienda de modas yo estaba empezando a estudiar en la universidad y por supuesto a esa edad yo creía que me las sabía todas. Hice algunas sugerencias para el negocio que claramente fueron desatendidas, no sabía si reírme o llorar. Pensé mi mamá no entiende. Y obviamente la que no entendía era yo. Reconozco que en ese momento no lo veía, pero hoy le doy gracias. Siempre se mantuvo en lo que sabía hacer mejor.

Lección aprendida: ¿Cuántas veces nos desviamos del norte por la reflexión de un libro que leemos, o por el último seminario al que asistimos, o por el amigo que nos da un buen consejo porque “él sí sabe”? Esto no significa que no debamos innovar. El punto es que tenemos que saber cuál es nuestra esencia y enfocarnos en ella. Manténernos firmes en lo que sabemos hacer y convertirnos en los mejores del mundo; solo así lograremos ser relevantes para alguien.

6) El dinero es un medio, no un fin.  Todos tenían claro que el dinero era necesario, pero nunca fue la motivación principal para ellos. Todos fueron muy generosos en especial mi papá, compartiendo lo poco o mucho que tenían. Madrugaban no por la plata sino por la satisfacción de trabajar en algo que le gustaba y que les permitía obtener cosas para compartir.

Lección aprendida: Si en nuestros emprendimientos solo estamos preocupados por conseguir dinero, nos faltará esa chispa, esa llama que es la que nos impulsa a seguir adelante y a superar cualquier situación por desesperante que sea.

7) La alegría es la esencia de la vida. Esta es la más maravillosa lección que recibí de todos: la alegría, la pasión de vivir. ¿Qué sentido tiene todo lo que logramos si no tenemos una sonrisa en nuestro corazón?, ¿qué sentido tiene acumular dinero si no disfrutamos cada momento y cada experiencia? La alegría lo es todo; y no depende del dinero, ni del éxito, ni de tantas cosas que queremos creer que tienen la respuesta.  Por más difícil que estuviera la situación, nunca dejaban de sonreír, nunca dejaron de bailar marimba o de cantar tarantelas, llenaron de risas muchos de nuestros espacios, con la Nicanora, la Juana Cachamba, la lora cantando Corazón Santo. Hoy me siento pequeña cuando recuerdo su grandeza.

Como alguna vez dijo el famoso actor Jim Carrey “Me gustaría que todos pudieran ser ricos y famosos y hacer lo que soñaron, para que se den cuenta que esa no es la respuesta”.

Hoy a tantos años de distancia entendí que fueron mis maestros y que me enseñaron sin libros, sin tareas, sin aulas de clase, sin estudios, sin computadoras, sin tabletas, sin ser CEOs o VP que:

El trabajo es inspiración. El trabajo nos dignifica. El trabajo es una maravillosa oportunidad de servir. 

TE ESPERO EN LA CIMA

 

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