Mi mayor crítico: yo


Muchas personas se demeritan o devalúan con sus palabras, “no puedo, no valgo, no sirvo, a mi todo lo malo se me pega, yo no soy monedita de oro…”.  Esto sucede por dos razones poderosas, la primera NO NOS CONOCEMOS, no hemos invertido tiempo en saber quiénes somos, y dos porque pensamos que las palabras no tienen poder. Recordá: Nadie puede golpearte tan fuerte como vos mismo.  Si duele lo que te dicen los demás o cómo te valoran, pero el sufrimiento que vos mismo te infringís es mayor. Y no estoy hablando de herirte físicamente, tu mente te envía constantemente pensamientos limitantes que han sido forjados de tu valoración del entorno, de tu experiencia y de tu falta de conocimiento, realmente de autoconocimiento.

Uno de los puños que comúnmente usamos para golpearnos es la autocrítica. Tengo una campaña de cambiar “soy torpe”, por “estoy aprendiendo”, “me siento inseguro porque no tengo la experiencia”.  La autocrítica en pequeñas dosis es como la salinidad,  puede ser ligeramente corrosiva, pero cuando desde que amanecemos convivimos con ella y es nuestra compañera de viaje, nos destroza la vida. La autocrítica fácilmente exagera nuestros errores y se regodea en remordimientos, enfocando sus luces en nuestras debilidades y los conflictos del pasado. Problema es una de sus palabras favoritas y culpabilidad es otra que atrae como un imán.

No es que entremos al camino de la mediocridad, lo que te digo es que la autocrítica es un análisis objetivo de qué paso, cómo me equivoqué, a qué obedece el error, qué pasé por alto.  Que es lo contrario de soy estúpido, por tonto me pasó, es lo que me pasa por bueno… La invitación es a cambiar la perspectiva para soltar la autocrítica y cultivar la capacidad de auto guiarnos; así, en lugar de glpearnos, abrimos los ojos para mantenernos alertas y conscientes, enfocando la atención en nuestras oportunidades de crecimiento y en el desarrollo de habilidades.

Auto observarse y auto conocerse es una práctica y un camino. Significa entre otras cosas darnos cuenta de las historias que nos contamos y la forma como nos tratamos para alcanzar la mejor versión de nosotros mismos. Con la autocrítica en primera instancia procuramos la excelencia, cosa que está muy bien, pero debemos agregarle una buena dosis de autocompasión, entender tu dolor, tu precocupación, tus miedos o tus angustias sino te podés intoxicar. Cuando vos mismo te das te puños, porque no tenés compasión, sos un perfeccionista y llevás a extremo las cosas, en pocas palabras estás descontrolado, la autocrítica es como una mina que pisás reiteradamente y te está explotando cada vez y sos menos feliz, pero no se te ocurre, desactivarla.

Exigirse está bien, pero hacerlo en exceso o sin clemencia (el síndrome del “sr. perfecto”), no lo creo. Pedirnos cada vez más esta bien, es escalar a la cima y buscar metas cada vez más altas pero a la par que lo hacemos nos vamos golpeando con la autocrítica es llevar agua con hiel para el camino.

Ante las críticas malsanas que muchas personas se especializan en hacer, hasta han sacado un doctorado de ello, decimos que es mejor la crítica constructiva, la que aporta y no destruye. Por ello la palabra crítica aunque sea construtiva nos levanta tanta roncha, como las palabras son poderosas ¿qué tal si mejor hablamos de una buena guía? Dirigida hacia otros o en modo auto. Una buena guía desecha las recriminaciones para abrir un abanico de posibilidades, ya no se trata de juzgar, sino de ver la realidad con ecuanimidad y amor.

Auto guiarse en lugar de autocriticarse, si lo haces con honestidad y conciencia no corres el riesgo del auto engaño, al contrario, verás las cosas como son, con sus luces y sombras. Porque todos somos imperfectos y afortunadamente siempre hay espacio para mejorar. Entonces ¿vas vivir ese proceso desde el sufrimiento o la plenitud?  Cada quien es libre (o debería procurar serlo) de elegir la relación consigo mismo. ¿Deseás convivir con un crítico constante o compartir con un guía despierto y compasivo?

Yo por muchos años agité un  puño que poco a poco he puesto a descansar, hoy día vive más en descanso que activo, sin duda, dejarlo quieto me ha hecho más feliz.

Te espero en la cima

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Anuncios