Nelson A. Hernández Cedeño: Desarrollando la habilidad de mentir


Ningún niño nace con un código moral, eso es algo que se aprende y cuando crecemos se fijan en los adultos, son las bases para saber qué se debe hacer y cómo se debe negociar.

Desde ya puedo compartir este dato: la necesidad de mentir y la capacidad de entender el concepto de mentira, son cosas que los niños aprenden únicamente de los adultos.

Entre los 3 y 7 años, los niños empiezan a calcular la diferencia entre fantasía y realidad, crean mundos imaginarios en sus juegos, que a veces confunden con el mundo real. Entre los 5 y los 10 años empiezan a desarrollar gradualmente la comprensión de lo que significa una mentira.

Muchas de las habilidades que se desarrollan con la edad, capacidades necesarias para que los niños asuman una responsabilidad cada vez mayor para ellos mismos, también les permiten tener más éxito si eligen mentir, pero le recuerdo esto amigo lector, una mentira es como una bola de nieve; cuanto más rueda, más grande se vuelve.

Si un niño se cría en su casa con unas reglas que dejan muy en claro la importancia de decir la verdad, harán todo lo posible por decir siempre la verdad, porque quieren sentirse mayores y buscan la aprobación de los adultos, cuando van conociendo la diferencia entre la verdad y la mentira, empiezan a ser capaces de controlarse ellos mismos, también de controlar a los adultos, y descubrir el falso poder de la mentira.

La humanidad, tal vez por apaciguar la conciencia, justifica la mentira con el concepto “mentiras de ocultamiento”, y no son más que aquellas que se dan por omisión de datos.

Imagine esto: su jefe le pregunta “¿cómo va el informe?”, usted responde “en proceso” … la realidad es que en todo el día no ha tocado la carpeta y por miedo a un llamado de atención inmediato, teme decir que se le olvidó. Puede que no haya dicho nada falso, ni tuvo que crear una coartada elaborada, sin embargo, ha mentido.         

Una mentira “exitosa” requiere trazar más de un paso y detalles a la vez; requiere varios planes de contingencia. Las mentiras de ocultamiento requieren menos que esto y suelen ser muy comunes.

Contar una falsedad nos obliga a planificar una historia sofisticada que con la edad se hace más compleja. Algunas personas nunca son muy buenas en eso, otras exhiben la mentalidad de un jugador de ajedrez cuando apenas tienen seis años. Pero para la mayoría de los niños, esto se desarrolla a medida que crecen, simplemente observando al adulto.

Un mentiroso “exitoso” considera todas las perspectivas antes de elaborar un cuento, incluso suele tomar el rol de la otra persona, considerando lo que le parecerá creíble o sospechoso, consideran el impacto de su propia conducta y ajustan su comportamiento en consecuencia, sin embargo, los niños no son muy buenos en esto porque a edades tan tempranas, ellos no se dan cuenta de que hay más de una perspectiva y creen que todos piensan de la misma manera en la que ellos. A medida que avanzan hacia la adolescencia, los niños se vuelven mucho más capaces de ponerse en los zapatos de otra persona.          

Le recuerdo amigo lector, que las consecuencias de las mentiras son peores que la mentira misma, lo he dicho en otros artículos y seguiré reiterando este hecho, porque los ejemplos abundan alrededor del mundo.

Para mentir, un niño también debe desarrollar habilidades lingüísticas, usar palabras para referirse a cosas que no están realmente presentes ni existen en el banco de la memoria.

Un mentiroso que se considera “exitoso” es un hablador nato, capaz de pensar rápidamente y usar datos a su favor, pero cuanto más habla más tiende a equivocarse, simplemente porque no hay datos que recordar… por la boca muere el pez.

La mentira también requiere control emocional. Un buen mentiroso tiene la capacidad de fingir emociones que él o ella no siente, de sonar y parecer tranquilo, interesado, complacido o cualquier otro sentimiento requerido para la mentira en particular.

Sin embargo, también se han dado casos como el de Susan Smith en Estados Unidos, Ana Julia Quezada en España entre otros, donde no pudieron ocultar sus falsas emociones y justamente por estas falsas emociones, fueron descubiertas y condenadas por la justicia al asesinar niños.

Entre la verdad y la mentira hay una línea tan gruesa como fina, según sea la perspectiva, integridad y valores de la persona que deba que elegir entre estos caminos.

Cierro con este proverbio judío: “Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver y el castigo más cruel para un mentiroso es no ser creído, aun cuando diga la verdad”, sino recuérdele, amigo lector a los niños el cuento de Pedrito y el lobo.