Nelson Hernández Cedeño: Deliremos que hay tiempo


Aunque soy fan del minimalismo Zen, últimamente mi cuarto parece como si hubiese sido víctima de un huracán que ha pasado por la época barroca y las luces de la literatura… o sea, está ¡hasta la madre en libros!

Esto me ha llevado a escribir y a ser favorecido por aquellos editores que si creen en el poder de la tinta emborrachada de letras y verbos que invitan a los papeles en blanco a que se unan al vicio y me publican sin omitir coma alguna, así que… ¿Qué tal si deliramos por otro ratito?

Entre los muchos escritores que he leído, son sin duda las palabras de Eduardo Galeano las que están dentro de mis favoritas, así que este artículo tiene gran parte de sus palabras grabadas para la eternidad y son bien recibidas por aquellos que deliran como yo, en un mundo totalmente diferente al que la humanidad insiste en crear.

Los que sueñan o deliran (dirán algunos) de día, son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche, y como el sueño es un arte poético involuntario. Permíteme amigo lector ser poeta de barrio.

¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?

El televisor o el celular dejará de ser el miembro más importante de la familia y serán tratado como la plancha o la lavadora, especialmente como la última, que suele ser más misteriosa que un huevo negro de gallina.

Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, en especial para aquellos que la ejercen con orgullo y se engañan al venderse la idea que el resto del mundo es estúpido.

Nadie vivirá para trabajar, pero todos trabajaremos para vivir y los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo desmedido ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas que uno acumula sin razón para aparentar lo que no es, ante gente que ni le importa.

Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas o que somos mimos ante la corrupción. La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por muerte o por fortuna desmedida elevada a la megalomanía, convertirán a una basura humana en un virtuoso caballero.

La comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio… porque la comida y la comunicación son derechos humanos.

Los niños de la calle no serán tratados como si fueran cosas invisibles, porque simplemente no habrá más niños en la calle y las garras de la ignorancia jamás volverán a consumir sus sueños. La educación no será más un privilegio sola para quienes puedan pagarla y la justicia dejará de ser “la oferta” que puede ser comprada.

La justicia y la libertad… hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

La Santa Madre Iglesia tendrá alguna fe de erratas y también dictará que en algún mausoleo histórico del medio oriente hay un mandamiento perdido que dice: “Amarás a la naturaleza de la que formas parte como te amas a ti mismo”, lo que llevará a reforestar los desiertos del mundo y los desiertos del alma”.

Seremos solidarios con todos aquellos que tengan voluntad de crear, creer y voluntad de justicia e igualdad… hayan nacido donde hayan nacido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa.

Quiero soñar con el hecho de que por fin entenderemos que entre la cuna y la tumba hay toda una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones y si estás atento al presente, el pasado no te distraerá y podrás ir haciéndote un futuro diferente.

A veces yo me pregunto si tengo el derecho y tengo la libertad de hablar de ciertas cosas que me afectan, sin embargo, no soy de aquí, pero tampoco no soy de allá y buscar lo mejor de la vida con pasión desbordante es mi verdadero color de identidad.

La vida no es un problema para ser resuelto, es un misterio para ser vivido. Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una mente que no tiene límites y un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos.

Qué delirio… ¡pero qué bueno!

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s