Nelson Hernández Cedeño: Proxemia, palabra rimbombante y necesaria


¿Cuántas veces se ha sentido incómodo(a) porque se le acercan demasiado? ¿Cómo se siente cuando toca estar en espacios pequeños como elevadores, buses o trenes y donde a fuerza se tiene que pegar a otra persona? Definitivamente la imagen “sardina en lata” viene a la mente. Esa sensación tiene una explicación científica resumida en una palabra rimbombante y muy curiosa llamada proxémica o proxemia.

La proxémica es la ciencia que estudia y analiza el espacio en la comunicación lingüística; más concretamente, la proxémica estudia las relaciones de proximidad o alejamiento, entre las personas y los objetos durante una interacción, las posturas adoptadas y la existencia o ausencia de contacto físico.  Proxemia viene de próximo.

Uno los mayores precursores del término fue el antropólogo Edward T. Hall en 1963 donde describía las distancias medibles entre las personas mientras éstas interactúan entre sí.

Cuando alguien invade su espacio, ocurren dos cosas: el suceso se registra en su memoria a largo plazo, donde se graban todas sus experiencias negativas; se crea un “cortocircuito límbico”, una actividad neuronal cuya función es protegerlo, y prepararlo para reaccionar luchar, huir o congelarse. Este cortocircuito lo saca de sus procesos normales de pensamiento y lo deja en un estado de alerta por varios minutos.  Este desajuste puede durar hasta 30 minutos. ¿Alguna vez se ha preguntado por qué no puede pensar claramente después de una fuerte discusión? ¿O tiene que esperar un rato para calmarse después de que le dan un gran susto? Es la misma razón.

En primer lugar, la distancia entre dos personas nos revela la afinidad que tienen entre sí; un ejemplo clásico es en el entorno laboral.  ¿Cuántas veces nos ha pasado que hemos “sospechado” que existía una relación a escondidas entre dos compañeros en la oficina, sin saber exactamente por qué? Aparte de las frecuentemente inexplicables risas, los encuentros “casuales” y las excursiones mutuas al café de media mañana… en fin, la estrecha distancia que ponen entre sí definitivamente es el indicador correcto en nuestra percepción.

Por otra parte, el conocer los “límites” a los que podemos llegar al acercarnos, nos permitirá ser más asertivos a la hora de comunicarnos.  En algunas situaciones, cuidando de no invadir el espacio de una persona alterada, o acercándonos un poco más a alguien que necesite nuestro apoyo.

Hoy mismo puede hacer un sencillo ejercicio: trate de medir mentalmente la distancia que separa a las personas que ve cuando estén hablando.  Le compartiré los 3 espacios más comunes:

Espacio íntimo: Para hablar con nuestros familiares y mejores amigos nos separamos de ellos entre 50 centímetros o menos. Es fácil medir la distancia íntima de la siguiente manera: Ponga sus brazos pegados al cuerpo y doble el codo, la distancia entre la punta de sus dedos y el codo pegado al cuerpo, es el espacio íntimo. Y claro, está demás decir quienes son los únicos que deben estar dentro de ese espacio.

Espacio social: Ahora extienda sus brazos, esa es la distancia ideal y cómoda para hablar con extraños o conocidos.  Más cerca de este espacio, podrían estar violando su intimidad, ahora bien, hay un truco para mantenerlo, separe uno de sus pies del cuerpo ya que ello obligará a otra la persona a mantener distancia.

Espacio público: El espacio debe ser entre un metro o más. Generalmente aplica para grupos de personas y requiere de un tono de vos más alto de lo normal. Para que tenga una idea, suele ser el espacio entre un conferencista y su público.

Si hablamos de tecnología esto se aplica de la siguiente manera… ¿Cuántas veces lo han agregado a grupos en Whats App sin su aprobación? ¡Han violado su espacio personal! El teléfono es un elemento que se considera dentro de tus propiedades intimas, por ende nadie puede introducirse en él sin su permiso y nadie puede compartir su número sin su consentimiento.

Cuando lo tratan de tu, y la otra persona mantiene el usted, es otro ejemplo de violación de proxemia. En este artículo lo he tratado de usted, no de tu (otro ejemplo).

Las llamadas a deshoras que no sean emergencias legítimas, atender correos de trabajos fuera de horas laborales o en días libres, tocarlo(a), así sea poner la mano en el hombro sin su consentimiento, son ejemplos entre muchísimos otros de una violación a su espacio íntimo, a su proxemia.

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