Nuestra loca mente


Nuestra mente nos lleva a pensar, muchas veces, en la peores cosas, para que concluyamos que alguna de las peores cosas que hemos pensado en la vida jamás sucedieron.
Esa tendencia de nuestra mente a ahogarse en un vaso de agua y magnificar las cosas está muy generalizado. ¿Te ha sucedido? Puede que estés en el tráfico de la ciudad y adicional estás “trancado” y de pronto viene un pensamiento incómodo, como le estás dando vueltas algo que no pintaba muy bien se convierte en escenario “desastroso”.  Lo que comenzó con un pensamiento pasajero se ha convertido en tormenta.
Fijate bien: Eso que pensás aun no ha sucedido pero ya has reaccionado. ¿Por qué? Resulta ser que para tu mente un pensamiento tiene el mismo peso que la experiencia real. Si el pensamiento es recurrente y angustiante, tu mente activa diversos circuitos cerebrales y libera sustancias químicas que afectan tu cuerpo. Así se desata una cascada que te arrastra en el momento hay algunos que sienten que el corazón se les acelera a mil por hora.

Y puede ser, que ese futuro “amenazante” jamás se materialice. La pasaste fatal detrás del volante, perdiste tiempo, te angustiaste o enojaste por gusto,  cambiaste la paz por la tormenta.   El psicólogo Albert Ellis llama a esta tendencia terribilizar, convertir una situación en una preocupación obsesiva que nos lleva a pensar en la peor conclusión imaginable. Es como echarle gasolina al fuego, o siendo más gráfico, rociarte el combustible cuando saltan las primeras chispas, lo que podía haber sido una pequeña llama se convierte en incendio.

En su libro “Paz interior para gente ocupada” (el cual te recomiendo) la investigadora y psicóloga Joan Borysenko nos recuerda que algunas personas terribilizan más que otras. “Las que fantasean pensando en resultados satisfactorios es más probable que sean optimistas. Cuando la tendencia es a pensar lo peor, probablemente sean pesimistas”.   Ella se declara una pesimista rehabilitada, es decir, alguien con una tendencia aprendida (de su madre) a esperar lo peor. Y por ello debe estar vigilante para no dejarse llevar. 
Según mi estado de ánimo la terribilización nos atrapa con mayor o menor facilidad, nos pasa a todos: si amanecemos pensando en el peor escenario, este se convierte en el único escenario. Y no hay buenos días que valgan.
Lo primero es estar atentos y vigilantes para detectar las primeras señales de terribilización y decir “acá vienen los nubarrones o los pensamientos angustiantes”. Podés entablar un diálogo con vos mismo y decirte “Estos pensamientos están surgiendo pero no me voy a dejar arrastrar”.  Acto seguido sonreí, la risa es terapeútica y si es una carcajada mejor.  No es minimizar lo que sucede, pero tenés que difrenciar que una cosa es la que está pasando allá afuera y otra la que está pasando dentro de tu cabeza y en todo tu cuerpo.
Por lo general reaccionamos a lo externo, y sobre todo al futuro que nos imaginamos, en lugar de manejar nuestras emociones a consciencia.  
No es controlar el entorno, tampoco el mundo interno. Es saber cómo juega la mente con nosotros y aprender a bailar con ella.

Te espero en la cima

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