Poniendo disfraz al miedo


Halloween es una fiesta anglosajona se ha hecho de mucha tradición en los países hispanos. Esta víspera de Todos los Santos («All Hallows’ Eve») es la noche “de las brujas, los demonios y los monstruos”. Niñas, niños y también muchos mayores se disfrazan con atuendos terroríficos para asustarse los unos a las otras.   Vamos a quedarnos con esto último, apartándonos de análisis religioso.

Aunque parezca una tradición extraña, incluso macabra para algunos, puede tener una función psicológica muy clara: superar los miedos con la risa, en el caso de los niños.   Se trata, de que a través de los disfraces y los dulces se rían de lo que más temen. Esta fiesta y muchas otras, como la celebración del DÍA DE LOS DIFUNTOS en México, ilustran a la perfección uno de los beneficios más importantes del sentido del humor.  No es por nada que los humoristas televisivos, los viñetistas gráficos y los memes se centren tan frecuentemente en los asuntos que más nos preocupan: la crísis económica, las tensiones en distintos países, la dictaduras, etc.

La relación entre el miedo y la risa es muy evidente en los primeros juegos de la infancia, que casi siempre tienen que ver con amenazas y peligros: lanzamientos del bebé por los aires, ataques y persecuciones en broma, y más adelante desafíos como los columpios o los toboganes. Todos estos juegos pueden provocar llantos y gritos de terror en un momento y luego carcajadas más adelante.

El miedo es una emoción muy valiosa cuando nos protege de una amenaza real, pero sabemos que a menudo puede paralizarnos sin buen motivo. Las fobias son el ejemplo más extremo de este fenómeno, y casi todos tenemos alguna situación o bichito cuya sola mención nos hace palidecer. Quién sufre un miedo irracional sabe que su comportamiento es ridículo, pero se siente incapaz de evitarlo. Sin embargo, este aspecto ridículo del asunto es precisamente la clave para superar su temor. Burlarse del propio miedo es la manera más eficaz de neutralizarlo. Como bien dijo Woody Allen, “No es que tema la muerte. Sencillamente no quiero estar ahí cuando suceda”. Y muchos cómicos como Woody se han ganado la vida ayudando a los demás a reírse de “cucos” como la enfermedad, la guerra, la dictadura o la muerte.

Hay diversas iniciativas que se han aprovechado de este poder de la risa para desarticular la bomba emocional del miedo.   Desafortunadamente, no todos tenemos la suerte de toparnos con personas que nos hagan reír en momentos angustiantes, y por lo tanto depende de nosotros tomar la iniciativa cómica. Hay que tratar de buscarle la chispa divertida a nuestros monstruos internos, ya sea exagerándolos, deformándolos o poniéndolos a bailar. Un ejemplo clásico es el de los ejercicios de visualización que a veces recomiendan a la hora de salir al escenario ante un público: imaginar que están desnudos, o que se convierten en los bebés llorones que todos fueron alguna vez, o que cada persona lleva una gallina sobre la cabeza.  Y si no se nos ocurre nada, siempre podemos sacar el móvil y tirar del video de la frente arrugada de Joaquín Phoenix…

En cualquier caso, hay tres recomendaciones generales a tener en cuenta en este trabajo interno. En primer lugar, es conveniente buscar a otras personas que comparten el temor para improvisar las bromas juntos, ya que la risa en compañía se multiplica. En segundo lugar, y como hacen los niños en sus juegos, hay que ir conquistando los miedos poco a poco.  Finalmente, hay que estar preparadas para, de vez en cuando, fracasar en el intento.

Te espero en la cima

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar