Realmente somos turistas de la vida


Todos los que hemos viajado algunas vez sabemos lo rico que es andar de turista.  Disfrutás el paisaje, la comida, las personas, las costumbres,  el clima, las diferencias, en fin… Cuando sos turista tu mirada cambia, ves magia donde otros ven rutina; incluso, solés prestar atención a lo que otros que viven allí dejan de ver por formar parte de lo usual. No es lo mismo instalarse que llegar de visita.
Eso mismo pasa en la vida y, no solo con cosas, sino también con los afectos… Pienso que esto tiene mucho que ver con el famoso dicho que dice: uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Todo se los dejamos al tiempo, a la siguiente hora, al siguiente día… te pregunto CÓMO SABÉS QUE VA A HABER UNA SIGUIENTE HORA O UN SIGUIENTE DÍA…. ¿De cuántas cosas te has perdido por esta razón?
Cuando estás de turista no querés ni dormir y querés sacarle al tiempo hasta el último segundo.  Recordá que también en la vida estás de turista, no vas a estar para siempre acá, entonces…
Hay que desempañar los cristales de la vida, tomar conciencia de que lo que damos por sentado no lo está, que lo que está presente hoy en tu vida mañana podría no estarlo, y para ello solo debés prestar atención cada día a eso que ya dejaste de ver.   A través de pequeñas acciones podés volver a ser nuevamente turista, esa persona que descubre la vida como un niño, más que una persona agotada y hastiada de ver siempre lo mismo, permitime compartirte algunas:

Volver a mirar a los ojos en especial a quienes amás: ese contacto directo a los ojos no solo te conecta, sino que te permite descubrir más allá de lo obvio.   Conectar con tus padres, tu pareja, tus hermanos, tus hijos…

Concentrarte en una sola cosa: a veces creemos que podemos hacer varias cosas a la vez y algunas veces es cierto, pero ¿a qué costo?, al de navegar por la superficie dejando ir la profundidad de cada experiencia, no hay otra manera.  Si estás comiendo disfrutá la comida como si estuvieras comiendo una pizza en Roma, si estás con tu hijos disfrutá con ellos, permitite volver a ser niño, que los carritos hagan bulla, que los cuentos sean reales, como si estuvieras en Disney.  Si estás con tu pareja disfrutá cada momento, decí más te quiero, da más besos, bailá con ella como si estuvieras en Mikonos, Santorini o alguna de esas islas griegas….
Enfocate más en apreciar que en criticar: cuando mirás en forma distinta, apreciando, lo desagradable o negativo termina pasando inadvertido por lo bueno que descubrís.  Ver la vida con ojos de turista eterno es ser coherente con nuestro paso por la vida, no vas a la Capilla Sixtina a criticar a Miguel Angel, ni a Paris a ver óxido el la Torre Eiffel.
Somos turistas de la vida, no somos de aquí, solo estamos de viaje. Entonces, ¿por qué no disfrutar y aprender del paisaje y la gente? 

Solo por hoy, un día a la vez, despertá con la convicción de ser turista de la vida, y tené ese pensamiento presente todo el día.  Estás de viaje, así que descubrí lo que la vida tiene para vos.

 

Te espero en la cima

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