¿Soy culpable?


Esa sensación asfixiante que acaba por estropearnos los buenos momentos de la vida, una sorda impresión de haber hecho algo mal, de haber causado un daño…. eso se llama sentimiento de culpa.
La culpa viene a nosotros por dos razones, la primera es cuando estamos conscientes de que hemos actuado mal y hemos hecho daño y la segunda por la victimización (papel de víctima, reyes o reinas del drama) de las personas que tenemos a nuestro alredor, que nos hacen sentirnos culpables de cosas sin sentido y digo nos hacen porque depende de vos permitirlo.  Vamos a hablar de las “víctimas”.
Las “víctimas” utilizan el recurso de la culpa para manipular, desde una madre que se victimiza para hacer que sus hijos se sometan a sus designios, hasta gobiernos sin valores que manipulan el pensamiento libre convirtiendo en una afrenta los “ideales”.
Pero ¿por qué es tan efectiva la culpa para manejar al ser humano mucho más que la ira? Sencillo, nos hace sentir que no somos lo suficientemente buenos.  Al no ser buenos hijos, buenos padres, buenos amigos, buenos en cualquier ámbito de nuestra vida, nos golpea la autoestima o la debilita.
Ese ser “buenos” es de bondad no de destrezas. Muchos manipuladores (ojo papás) comienzan una petición con “como se que sos buena gente….” y si no concedemos “incondicionalmente” aquello que se nos pide estamos en el bando de los malos, como no nos consideramos malos, entonces nos sentimos culpables de no “haber hecho el favor” o actuar como nos lo pidieron. A muchos por fallas en la crianza, vacíos emocionales o experiencias traumáticas, la culpa los atrapa y los domina porque le damos algo de razón a nuestro dominador “no nos sentimos dignos ni capaces de hacer lo correcto”.

En este punto, es importante separar la responsabilidad de la culpa. Cuando nos sentimos responsables por algo, actuamos partiendo de que queremos dar lo mejor de nosotros para enfrentar esa responsabilidad. Cuando nos sentimos culpables, partimos de que la situación que enfrentamos es producto de nuestra incapacidad para hacer las cosas bien.

Los que dominan con la culpa sacaron maestría en hacer dudar al otro sobre su valor personal:  “No creás que lo estás haciendo bien, aunque la gente te lo diga”, “sos igualito(a) a fulano(a) que siempre actua mal”, “Zutano hizo algo que tú no hiciste, claro, el es buena gente…”, etc.  Si tenés una autoestima bien sólida, un alto concepto de tus capacidades y una percepción positiva de quién sos no te afectan estos comentarios.   Aquellos quienes tengan debilidades en lo que respecta a su autoestima, son susceptibles a la crítica, o siempre están buscando validarse con las personas de su entorno (padres, madres, jefes, parejas), puden caer en este juego. ¿Qué hace la culpa en las personas?

* Sentirse mal de ser felices porque otros no se sienten felices con nosotros, sin llegar a entender que es su decisión aceptarnos y querer ser felices a nuestro lado, pero no nuestra obligación hacerlos felices.
** Nos roba espacios de nuestra estima porque valoramos lo que somos con base en qué tan felices hacemos a los demás y no qué tan felices somos para nosotros mismos.
*** Siembra  en nosotros una alta inseguridad, como si caminamos en un campo minado, convencidos de que el próximo paso que demos no es el correcto, y allí estará nuestro acusador “amoroso” para señalarnos nuestro error.
**** No nos permite amar de una forma sana.  Algunos pueden llegar a pensar que solo “merecemos” ser amados si somos o hacemos lo que otro desea que seamos o hagamos.
Te pongo ejemplos:  el hijo totalmente sumiso a su madre que no la contradice y la cuida de manera devota, a pesar de sus maltratos y desprecios que atentan contra su derecho a ser respetado como ser humano. El empleado que asume trabajo en exceso para descargar a su jefe dominador, renuncia al reconocimiento público y, en silencio piensa, que igual no merecía ser tomado en cuenta.
Terminar con este sentimiento es vernos al espejo y con amor, mucho amor, decirnos: te amo, te respeto y quiero lo mejor para vos. Reconstruir quiénes somos, qué deseamos. Trazar de nuevo nuestra ruta de vida. Ponernos en primer lugar porque es lo que corresponde, y darle a los demás el espacio que justamente en nuestra vida les corresponda.

Querete y respetate hoy y quien te ame sanamente, aplaudirá que seas feliz.

Te espero en la cima