¡¡¡Soy responsable!!!


Uno de los ejercicios que hago en mis seminarios y talleres es pedir a las personas que se describan en una sola palabra.   Muchos se autodescriben como RESPONSABLES, algunas veces les cuestiono y les pregunto: deme un ejemplo de su responsabilidad puesta en acción, muy pocos pueden hacerlo, la mayoría indica que “soy responsable porque hago lo que se me pide”.

La responsabilidad como una fortaleza o habilidad absoluta no existe.  Es imposible ser responsable 100%.  Por diseño humano, el error forma parte de nuestro “ADN”. Siempre existe la posibilidad de fallar y esta posibilidad es alta.

La persona verdaderamente responsable no es la que nunca falla. La persona responsable es la que al fallar, da la cara y sin excusas, busca hacerse cargo de las consecuencias de su falla e intenta enmendar el error, aprende una lección del mismo para no regresar por el mismo camino.

El que es responsable cuida de su imagen, su reputación tiene valor, sabe que lo único que lo hace creíble es el concepto que los demás se hagan de el o ella por sus actos. Quien usa excusas o mentiras puede ser que “salve” su imagen temporalmente ante los demás pero en el fondo sabe que además de mentiroso es un cobarde.  Así como suena de duro.

Cuando las personas depositan su confianza en nosotros, deben de estar claros que pueden esperar, las suposiciones no tienen cabida.  Como algunos suelen ser dubitativos y vacilantes, se inventan títulos, salarios, conocimientos en fin…. una serie de atributos que muy pronto o en el mediano plazo quedan al descubierto.   Los acuerdos de confianza deberían ser como documentos, donde se deja bien explícito y claro las condiciones de satisfacción y anuncia las consecuencias de un posible incumplimiento.  Pero lo más valioso y no lo reconocemos es nuestra palabra, esta debería ser “el documento” de mayor confianza que tenemos, es una enorme reponsabilidad honrar la palabra dada…. como somos frágiles en mantenerla por eso hay contratos escritos.

Si encontramos una persona que cumple con lo acordado (es responsable) merece un reconocimiento mas allá de un simple “gracias”.  En mi camino he encontrado esas personas que honran la palabra empeñada, incluso en cosas pequeñas como “llego a tu casa hoy”.  Pero me he encontrado el doble de las que no le interesa la puntualidad, la palabra empeñada viven del incumplimiento, no les interesa mantener una imagen creíble, las promesas no tienen valor y lo peor si sale un reclamo se molestan y jamás se hacen cargo de las consecuencias. 

Si una persona cumple, su confiabilidad se incrementa en dos vías, en la satisfacción personal y en la imagen que los demás tienen.   A veces somos cómplices de la irresponsabilidad del otro cuando dejamos la asertividad de un lado y no somos capaces de indicar aquello que nos ha molestado; o no hemos intercambiado espectativas indicando claramente que esperamos del compromiso establecido.

La permisividad es complicidad, la laxitud es complicidad y el silencio es complicidad, estamos permitiendo que el otro no se haga cargo de los compromisos que adquiere en su vida, por no reclamar promovés el incumplimiento. Recordá siempre que lo que permitís, lo promovés.

Puede que las personas irresponsables no lo sean siempre ni con todo el mundo, sin embargo, si lo son con vos, debés de sentarte a analizar objetivamente que puede ser que no valoren la relación ni tu persona, si este fuera el caso debés de tomar una decisión. La gente sabe a quién le falla y a quién no, solo te invito a tener cuidado de lo que estás haciendo para que te fallen, a lo mejor tus espectativas son muy altas, tus acuerdos no son claros, o has sido permisivo.  Espero que estas ideas te sean de utilidad. Hay que digerirlas con calma.

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