Cosas que no comparto


Hay cosas en mi vida que no comparto, no porque no sean importantes, al menos para mí, sino que siento que pasan y ya. Cuando digo no comparto es que no forman parte de mis publicaciones, de mis conversaciones. Muchas de las cosas que me han sucedido en cuanto a crecer, es dejar que los hechos hablen por mí.

En pandemia, al estar en casa permanentemente tomé varias certificaciones una de ellas fue Mindfulness y Gestión Emocional y otra en Autoestima y Psicología Positiva, el propósito #1 era mantener mi mente activa y luego a través de mis cursos compartir el conocimiento.

En ese momento, yo ya había facilitado sesiones de mindfulness en algunos equipos de trabajo, y veía el impacto adicional al valor real que tenía la práctica.  Pero también sentía algo con mucha claridad: necesitaba profesionalizar la forma en la que estaba compartiendo esto.   Buscaba un marco que estuviera respaldado tanto por la experiencia como por la ciencia.

El proceso de certificación no fue rápido.  Tomó varios meses de preparación: práctica constante, sesiones supervisadas y un trabajo personal muy profundo.  No solo me entrenó para facilitar los programas. Transformó la forma en la que yo misma lidero.

Con el tiempo, eso me permitió: Trabajar con cientos de líderes de distintas empresas, y acompañar a otros instructores en su proceso de formación. Todo eso me dio una perspectiva muy distinta sobre el liderazgo.  No solo sobre cómo se ejerce, sino sobre cómo se encarna.

Hoy tengo algo muy claro:

Cuando el Mindfulness, la inteligencia emocional, se entrenan juntamente con la Psicología Positiva, de manera seria, este entrenamiento genera tres resultados muy concretos:

  1. Alto desempeño, porque una mente clara toma mejores decisiones.
  2. Excelencia en liderazgo, porque cambia la forma en que nos relacionamos e influimos en otros.
  3. Bienestar sostenible, porque reduce la fricción interna sin bajar los estándares.

Muchas veces el Mindfulness y la Inteligencia Emocional se etiquetan como “soft skills” (habilidades blandas). En la práctica, son habilidades fundamentales de liderazgo.  Definen cómo un líder responde bajo presión, cómo influye en su entorno y qué tan sostenible es su éxito a largo plazo. 

No todos los líderes están listos para verlo. Pero quienes lo hacen descubren un diferenciador silencioso y poderoso, uno que no solo transforma los resultados, sino también la experiencia misma de liderar.

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