Educar los deseos


Paseando por FB, me encontré con la grata sorpresa de un grupo JOVENES UNIDOS POR LA EDUCACIÓN, con una iniciativa muy interesante: un sistema educativo de calidad.

Añado que el sistema educativo de calidad, comienza en el hogar.

Son muchos los problemas educativos específicos que plantea la vida moderna: escaso tiempo de convivencia padres-hijos, fractura familiar, pérdida del sentido de autoridad en la escuela.  Como si fuera poco, a estos se les han unido en los últimos años el abuso de las redes sociales y las nuevas tecnologías como ámbito habitual de ocio para niños y adolescentes.

Reflexionando sobre todo ello, pensé que algunos fuimos de la generación que le temíamos a los padres y ahora somos de la generación que le teme a los hijos.  Te he conmentado que cuando me paseo por el centro comercial (cualquiera) es frecuente oir los grito o frases groseras de los hijos con los padres porque estos no satisfacen sus deseos, al algunos se le ha olvidado que es importante:

Educar los deseos de los hijos para que maduren, en vez de abandonarlos a sus inmaduros deseos.

El poco avance que tienen algunos países se debe al auténtico colapso de creatividad entre los niños. Los niños son ahora menos creativos y menos innovadores que los de hace solo veinte años, se nos olvidó contarles cuentos para estimular su imaginación, aquellos diálogos inventados entre muñecos, cantarles para dormir, salir en una tarde soleada a ver que forma tienen las nubes, en fin, ahora para “entrener” un niño le dan un celular o una tableta.

Hoy oigo decir a menudo a muchos padres: “Yo solo quiero que mi hijo sea feliz que tenga lo que yo no tuve, que no pase el páramo que yo pasé”. Por desgracia, cuando dejás que los niños hagan lo que les hace felices (en pocas palabras que hagan lo que les de la gana), lo más probable es que el resultado sean chicas adolescentes que dedican todo su tiempo a Instagram o Snapchat (te has fijado que la vida privada no existe, porque se toman fotos hasta en el baño), y chicos adolescentes cuyos pasatiempos favoritos son los videojuegos y la pornografía.

Te has preguntado por qué hay un nuevo delito: “el acoso cibernético”, y la respuesta es el exceso de información que estamos divulgando, y nuestros jóvenes, no miden el peligro.  Fotos de todas mis actividades, conversaciones importantes que son ventiladas a gritos en elevadores y mesas de restaurantes.  Un día de estos alguien hablaba mal de su jefe por celular y resulta que yo conocía al jefe… y yo me di cuenta lo “estúpido” que era el “viejo ese”.

Te resumo una historia real de un hombre que hoy tiene 33 años, cuando adolescente parecía muy contento gastando su tiempo libre en lo que le daba la gana, sus padres querían que fuera un “niño feliz”, ¡ah! parte del paquete es que no le iba bien en la escuela y abandonó la universidad.  Hoy tiene una sensación creciente de que la vida debió ser algo más que videojuegos y masturbación, aún vive en casa de sus padres trabajando en un empleo sin futuro. Además de estar deprimido, estalla de frecuentemente de rabia contra él, contra sus propios padres, por razones que ni siquiera sabe expresar con palabras.  Pero que pueden ser:

¿Por qué no me educaron para ser algo más que esto?

No sirve de nada dejar que los niños hagan lo que deseen a no ser que antes hayás educado sus deseos. La primera tarea de los padres es educar los deseos de sus hijos. Inculcarles el deseo de ser, de llegar lejos, de caminar la milla extra, de no rendirse, de ser tolerantes a la frustración, invitarles a algo más elevado y mejor que los videojuegos o la pornografía o las redes sociales, invitarles a cultivar el espíritu en la ciencia, en la música, en el arte, en la naturaleza o en la religión.

¡Apagá las pantallas! No dejes que a tu hija o hijo le preocupe haberse perdido el último tuit o snap. Al contrario, salí a dar un paseo con él, vayan juntos a un concierto, canten cuando van el carro, visiten un museo. No persigan la felicidad como un fin en sí misma, te recuerdo que la felicidad no es lo que haces sino lo que sos. Persigan el arte, la música, el conocimiento, o la visión de ese pajarito que a veces canta o anida cerca tu casa. Y enseñale a tu hijo a actuar así, a buscar la creatividad a recrearse más y vas a ver que la felicidad le llega, espontánea e inesperadamente, porque está en él o en ella.

Te espero en la cima

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