En la vida cotidiana del matrimonio es normal que, al hablar, surjan desacuerdos, diferencias de opinión y momentos de tensión. Sin embargo, cuando estas situaciones se expresan en forma de críticas o descalificaciones delante de los hijos, las consecuencias pueden ir mucho más allá de una simple discusión pasajera.

Los niños no solo escuchan las palabras de sus padres, sino que también interpretan gestos, tonos y actitudes, construyendo a partir de ello su comprensión del amor, el respeto y la convivencia.
Ser prudentes delante de los hijos. La especialista Eva Bach, explicó que cuando entre cónyuges comienzan a hablarse de formas inadecuadas, a pelear o a ofenderse delante de los hijos, los pone en una situación difícil porque distorsiona la imagen de los mismos padres. Especialmente cuando se les pide que tomen partido o cuando dicen frases a los hijos como: «te pareces a tu padre» destacando algún aspecto negativo, eso no favorece la autoestima de los hijos. Por el contrario, recomienda que hablen bien el uno del otro en presencia de los hijos, destacando aspectos que les guste del otro, por ejemplo, «me encanta esto de tu padre». De modo que favorezca un sano desarrollo no solo en los hijos, sino en la familia entera.
Aquí te compartimos algunas recomendaciones que pueden ayudarlos como esposos a abordar los desacuerdos de manera apropiada y a dar un buen ejemplo a sus hijos.
1 Acordar una regla de pareja. Primero que nada, es importante hablar con una comunicación asertiva entre esposos y así fijar una regla de pareja que funja como acuerdo, por ejemplo: «Los temas delicados se hablan en privado, no delante de los hijos». Este compromiso mutuo crea unidad y evita reproches públicos.
2 Pausar antes de reaccionar. Cuando surge un desacuerdo, es mejor detener la conversación si los hijos están presentes. Frases como: «Luego lo hablamos» ayudan a postergar el conflicto sin tratarlo en ese preciso momento.
3 Cuidar el lenguaje y el tono. El sarcasmo, las burlas o los gestos despectivos también comunican crítica. Hablar con respeto protege la dignidad del cónyuge y transmite un buen ejemplo.
Cuidar las palabras delante de los hijos no es fingir una relación perfecta, sino proteger su corazón y su confianza. Cuando los esposos se respetan públicamente, los hijos crecen sintiéndose seguros y aprendiendo a amar con madurez.
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