Conozcamos de fatiga pandémica


Te has hecho estas preguntas desde hace tiempo: ¿Cuándo va a terminar todo esto?, ¿Cuándo voy a poder retomar mi vida? ¿Volverá a ser la misma?

Al principio pensamos que era un momento en el tiempo, solo un par de meses, lo mejor era tomarlo con filosofía, no hacer planes y “detener la vida”. Pero, pasaron esos dos meses y seguimos: Coronavirus, pandemia, Covid-19, gel alcoholado, lavado de manos, confinamiento, mascarilla, careta facial, distanciamiento, estado de alarma, toque de queda, vacunas, UCI, antígenos, ola I, ola 2, …, contratos suspendidos, cierre de empresas, aforo, presencial, virtual, teletrabajo…, son términos que hasta hace un año o no conocíamos o no utilizábamos en nuestro día a día y en conversaciones habituales. Ahora los psicólogos están manejando el concepto de fatiga pandémica

Hay que empezar a darle la importancia que merece, porque si en algún momento has sentido alguno de sus síntomas, si has pensado que no podés más y hasta te has planteado saltarte cualquier restricción, NO TE PREOCUPÉS, ni somos malas personas, ni inconscientes, ni saboteadores, solo que estamos cansados porque llevamos mucho tiempo viviendo con un estrés sostenido.

Vamos a detallar a continuación qué o cómo podemos sentirnos y buscar ayuda si es necesario:

  • Bajo estado de ánimo: Mucho cuidado aquí y es que, si el estado de ánimo triste es muy intenso, persiste e incapacita en exceso la calidad de vida, se podría caer en un estado de ánimo depresivo que necesitaría por supuesto de un acompañamiento con un profesional de la psicología.
  • Falta de energía: Es como si necesitáramos una recarga extra al empezar las tareas cada mañana. Apatía. 
  • Cansancio: Aun habiendo dormido y descansado bien, sentimos que estamos cansados la mayor parte del día. Agotamiento.
  • Descenso de la motivación y de las ilusiones: Al vivir en una situación prolongada de cierto desconcierto y con muchos planes, objetivos, propósitos y metas interrumpidos por causa mayor, llega la desmotivación.
  • Dificultad para concentrarse: Cuesta más que antes de la pandemia centrar y mantener la atención en una tarea concreta (leer, coser, escribir, cocinar, estudiar…). Y es que pueden aparecer de forma automática y casi inconsciente pensamientos e ideas relacionadas con la pandemia que hacen que la persona desvíe su atención y se desconcentre con mucha facilidad. Como consecuencia de esto, puede disminuir la productividad y/o el rendimiento académico o laboral. Cuidado aquí los adolescentes y jóvenes
  • Irritabilidad: Reaccionamos de manera desproporcionada ante los pequeños imprevistos y situaciones del día a día. Es como si saltáramos ante la mínima cosa y de forma muy intensa. La irritabilidad es más frecuente en adolescentes y jóvenes pareciera que todo les molesta, todo se lo toman a mal, todo les ofende, todo lo personalizan.
  • Baja capacidad de autocontrol: A la persona le cuesta muchísimo más que antes controlar impulsos y deseos. Ojo aquí, porque cuando el autocontrol está bajito una consecuencia puede ser caer en conductas adictivas, por ejemplo, lo que ocurre con la comida.
  • Ansiedad, miedo y angustia: Sentir y experimentar ansiedad en todos sus niveles (físico, pensamientos…) La persona vive con un miedo constante, muy intenso y a veces incontrolable.
  • Insomnio y alteraciones del sueño: Problemas para conciliar el sueño o aumento de despertares durante la noche.
  • Evitación: La persona utiliza la evitación como mecanismo de defensa para protegerse de posibles nuevas fuentes de estrés y de situaciones que ya anticipan como emociones negativas.

Aunque pensemos que no podemos hacer nada por cambiar lo que sentimos, sí que podemos, mirá estas pautas que ayudan a la persona con fatiga pandémica.

  • Buscá emociones agradables y positivas.  Tratá de hacer cada día algo que te guste, que te aporte alegría, que te distraiga, que te motive y adaptado a la situación actual.
  • Desconectate del exceso de información. No es la primera vez que lo decimos, la infoxicación es diaria y solo aporta malestar la mayoría de las veces. Las redes sociales, la prensa, los noticieros… hablan, cuentan y repiten constantemente lo mismo.
  • Trabajá, cuidá y preocupate de tus pensamientos. Nuestros pensamientos no tienen vida propia, están ahí, dentro de nuestra cabeza porque nosotros los ponemos, y tienen una fuerza enorme para hacernos sentir y provocar emociones en nosotros. Nos sentimos y muchas veces nos comportamos, según como pensamos.
  • Trabajá, cuidá y preocupate de tus emociones. De la misma maneta que explicamos antes la importancia de cuidar los pensamientos, pasa exactamente lo mismo con nuestras emociones. La gestión emocional es fundamental para sentirnos mejor. Aceptemos la emoción y dejémosle su espacio.
  • No te encerrés o aislés. Es importante no caer en el aislamiento extremo. Tenemos que esforzamos por mantener relaciones familiares, sociales y de amistad por supuesto adaptándonos a las circunstancias actuales y con las medidas de seguridad. Para esto, las nuevas tecnologías nos lo ponen muy fácil con las videollamadas que ya son parte de nuestra rutina diaria.
  • Buscá ayuda profesional. Acudir a un experto de la psicología es lo más recomendable si la situación llega a ser incontrolable y afecta a nuestra vida diaria. 

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