Dejá de perder el tiempo… ¡JUGÁ!


Desde pequeños nos enseñaron que si teníamos pendientes no podíamos jugar porque «jugar es perder el tiempo», pero ¿es esto cierto?

Aprovechar el tiempo, dicen en nuestro mundo al revés, es hacer unas cosas para conseguir otras: estudiar para conseguir un buen trabajo, trabajar para ganar dinero, ganar dinero para viajar, viajar para sacar fotos, sacar fotos para conseguir corazoncitos en Instagram…

El problema es que cuando hacemos una cosa para conseguir otra, no estamos en eso que hacemos. Estudiamos sin ganas, trabajamos sin interés, viajamos como un mero trámite para llegar a los mejores lugares donde impresionar a nuestros “seguidores”.

Pero ¿qué pasa con eso que hacemos? ¿Ahora mismo? ¿No es eso LA VIDA MISMA que se nos escapa mientras que esperamos a que llegue la meta, el premio o el éxito?  Jugar es todo lo contrario: es hacer cada cosa porque sí. Sin más. Por puro disfrute. Como si fuera lo más importante del mundo.  Podemos llamarlo mindfulness, pero también playfulness.

Pintar por pintar. Cantar por cantar. Explorar por explorar. Cualquier niño o niña de 5 años sabe que la vida va de esto y si tenés hijos mejor, hacelo en grupo. Pero se nos ha olvidado.

¿Se te despierta algo ahí dentro al leer estas palabras? Jugar es un instinto poderoso. No hace falta aprenderlo. Lo tenés en tu ADN.  Pero de poco sirve leer sobre ello. Hay que jugar. Y a los adultos se nos dan pocas oportunidades para jugar en paz.

Aprovechemos de cada día algunas milésimas de segundo, sacándole todo el jugo que sea posible a jugar, y rebelándonos a esa imperiosa necesidad de tener que ser siempre productivos.  Nos volveremos tan ligeros que volaremos. Iremos tan en profundidad que nos olvidaremos de nosotros mismos. Con un poco de suerte, alcanzaremos la sabiduría de los gatos, divertidos con una bolita de papel.