Cuando analizamos diariamente nuestro entorno, nos damos cuenta que nuestras sociedades latinoamericanas están enfermas, no económicamente sino moral y éticamente: sobornos, peculados, secuestros, asesinatos, robos, asaltos, droga, extorsión, chantaje, contrabando, difamación, oportunismo, aborto, consumismo desmedido, violencia… y la lista podría seguir. Todo lo resumo a un valor que dejamos a menudo colgado en el ropero de cosas viejas o en una bolsa rotulada “para botar”: EL RESPETO.

Estas situaciones me han llevado a reflexionar: cómo cada persona aplica en forma distinta este valor a sus relaciones con los demás.
La palabra «respeto» viene de la raíz latina specto, que significa «ver». Respetar es ver al otro. El respeto es la base de la sana convivencia, lo contrario es el egoísmo que incapacita al ser humano a salir al encuentro de los demás y VERLOS. Lamentablemente, actos del diario vivir, nadie los considera falta de respeto y si lo son. ¿Cómo cambiaríamos Panamá si emprendemos una cruzada de respeto, retomando con pasión este valor? Declaremos Panamá zona libre de irrespeto.
Para contribuir a ella, me permito hacer una lista de pequeñas cosas que podemos hacer para iniciarla:
En una fila, ocupar el lugar que te toca, no busqués al amigo o conocido de más adelante para colarte.
En una zona de espera, llega una mujer o un anciano, cedeles tu silla, naciste de mujer y algún día llegarás a ser anciano.
Manejando, detenete en un semáforo en rojo o en una señal de alto. Las gasolineras o las bocamangas de las calles no son atajos. Cuando no tenías carro y eras peatón que quisiste que hiciera el que manejaba, recordalo ahora que ya no vas a pie.
En un comercio o negocio, cuando reclamés, no uses palabras hirientes o mordaces que rebajen la dignidad de quien te atendió, si esta persona tuviera tu nivel de educación (instrucción) a lo mejor fuera el gerente de la empresa para la cual trabajás.
Si tu educación (instrucción) ha sido excepcional y te gusta que te llamen magister, el más grande magister de la historia, Cristo, dio su vida por vos, serías capaz de hacer lo mismo por otra persona a la cual ni siquiera conocés, ¡ah! y no fue a la universidad Recordá en América Latina estudiar es un privilegio que se convierte en la obligación de enseñar al que no sabe.
Citaste o te citaron para una reunión o para hacer una tarea, así sea diversión, está puntual y si tenés inconveniente para asistir a la hora pactada llamá o cuando llegués da una explicación.
Oís música en tu auto o casa, recordá que ni todos tenemos los mismos gustos musicales, ni a todos nos gusta oír al mismo volumen.
Descubrí que cada persona tiene su forma de ser, y que, tratar de cambiar al otro sobre todo a la fuerza no es parte de esta cruzada.
También yo igual que vos, tenemos nuestra forma de ser y sé que nos gustaría que nos trataran con respeto.
