Hubo una etapa en mi vida en la que caminaba, cumplía responsabilidades, pero por dentro me sentía estancada. Tenía sueños guardados, decisiones postergadas y una fe debilitada. Recuerdo una noche en particular en la que me di cuenta de que estaba viviendo muy por debajo de lo que Dios tenía para mí. No fue un momento espectacular, fue un momento honesto. Ese día entendí algo clave: nadie iba a venir a empujarme al vuelo. Yo tenía que decidir extender mis alas.

Volar implica soltar peso innecesario, no podés volar cargando todo. Hay cosas que pesan demasiado y te mantienen atado al suelo. Para elevarte, primero necesitás soltar.
Cosas que debés dejar para poder volar: Culpa del pasado, rencores no resueltos, expectativas ajenas, comparaciones constantes, temor al qué dirán. Soltar no significa olvidar, sino decidir que eso ya no gobierna tu vida.
“No puedes volar hacia tu futuro si sigues aferrado a lo que te pesa del pasado.”
Aprendé a extender tus alas poco a poco. Volar no siempre es un gran salto. A veces es un pequeño movimiento de confianza. Un paso, una decisión, una oración sincera. No te exijás perfección, nadie aprende a volar sin antes intentarlo. Aquí tenés algunos pasos concretos que podés aplicar de inmediato: Identificá qué te está deteniendo, escribilo y enfrentalo con honestidad o reflexiona sobre ello. Da una acción pequeña pero intencional, repetí el proceso cada día.
El vuelo se fortalece con la práctica, no con la espera. Cuando volás, inspirás a otros. Algo poderoso ocurre cuando decidís volar. No solo transformás tu vida, también inspirás a quienes te rodean. Tu decisión de confiar puede ser el permiso que otros necesitan para hacerlo también. Tu fe puede convertirse en un faro para alguien más.
El impacto invisible de tu valentía: Tal vez no lo notés, pero alguien está observando cómo enfrentas tus dificultades. Cuando elegís volar, demostrás que sí es posible vivir con esperanza incluso en medio de la tormenta.
No naciste para quedarte en el suelo. Este mensaje no es solo para que te inspirés, es un llamado. un recordatorio de que tu historia no ha terminado y de que hay más por delante. Podés seguir caminando con la cabeza baja o podés levantar la mirada y atreverte a volar. La decisión sigue siendo tuya.
Hoy es un buen día para volar. No esperés a sentirte listo, a que todo esté resuelto. El momento perfecto casi nunca llega.
Volá ahora. Volá con temor, pero volá. Volá confiando, creyendo que no estás solo y que tus alas son más fuertes de lo que imaginás.
