¿Te ha pasado alguna vez sentir esa inquietud antes de una conversación importante, una decisión difícil o un cambio necesario? Y que, cuando por fin das el paso, todo se disuelve en un suspiro y te sorprendás pensando: ¿De verdad era esto lo que me asustaba?

A veces el miedo aparece sin previo aviso, como una inquietud que se instala en el cuerpo o una voz que te hace dudar justo cuando estás a punto de avanzar. Puede suceder antes de una conversación difícil, de un cambio que sabes que necesitás hacer o de una decisión que llevás tiempo posponiendo. Y en esos momentos, la mente empieza a imaginar escenarios que todavía no existen y que, en muchos casos, nunca llegarán a suceder.
Sé que es fácil sentirse frágil cuando eso ocurre. Pero sentir miedo no es un signo de debilidad. El miedo, cuando lo mirás de frente y lo entendés, puede convertirse en una señal clara de que estás creciendo.
No es casual que aparezca justo en el borde de lo conocido. Por eso, en lugar de rechazarlo o tratar de hacerlo desaparecer, lo importante es aprender a escucharlo sin dejar que decida por vos.
Cuando elegís acompañarte en medio del miedo, algo dentro de vos empieza a cambiar. Lo que parecía una barrera se transforma en una puerta hacia una versión más libre, más presente y más serena de vos mismo.
Así es que, si hoy estás sintiendo miedo, no te castigués por ello. Agradecele que esté haciendo su parte. Y cuando lo sintás posible, da un paso. No tiene que ser grande. Solo tiene que ser tuyo.
