Latinoamérica probablemente sea una de las regiones más ricas en folklore mitológico y sincretismo religioso. Historias fantásticas, espectros, mitos, leyendas de personajes únicos y anécdotas han sobrevivido de generación en generación gracias a nuestros abuelos, conocidos, amigos y gente de campo, de hecho, aún hoy, con toda la tecnología que nos rodea y la modernidad de nuestra ciudades, son parte de nuestra herencia patria.
Digo herencia patria, pues, cada país, ha hecho suyo ciertos personajes míticos y hasta se pelean por atribuirse su génesis como es el caso de La Llorona, Tepesa o Tulivieja (la cual es la misma), por cierto, su leyenda realmente nació en México.
Fueron los denominados «cronistas de Indias» quienes comenzaron a escribir y a narrar las costumbres y mitos de nuestros pueblos mesoamericanos. En sus relatos nos hablan del culto a la gran variedad de deidades, lo cual indica claramente que Mesoamérica era politeísta. En otros casos, se señala que existía un dios superior que era una representación y símbolo del astro-rey. Para nuestros pueblos, la lluvia, el trueno, el maíz, el viento, las olas, los árboles, el águila o el jaguar eran dioses a los cuales se les debía adorar y otorgar sacrificios incluso, humanos.
UNESCO ha tomado todos estos mitos y leyendas que hoy conocemos y los ha declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.
No cabe duda que desde México hasta la Patagonia pasando por las islas del caribe, probablemente encontremos nombres como: La Tulivieja, Tepesa, Llorona, Ciguapa, Ahuizotes, Cadejos blancos y negros, La Silampa madrugadora, El Padre sin Cabeza, la Chancha mica, La Carreta Nagua, El Oro Vivo, El Chivato, El Corotú Llorón, El Perro Prieto, La Niña del Salto del Pilón, El Penitente de la Otra Vida y hasta tenemos al moderno Chupacabras… por mencionarle solo algunas leyendas, ya que en cada país suelen coincidir los espectros pero con otros nombres, aparte claro está, de las ya famosas brujas, duendes y fantasmas.
También encontraremos mitos y cuentos relacionados a la religión católica (en especial en Semana Santa), a la magia negra, brujería, santerías o chamanismos. De ellas les puedo compartir por ejemplo este: “A las tres de la tarde del Viernes Santo (momento que muere Cristo) el aire se torna pesado, el cielo se oscurece y se dice que si te asomas a la puerta de la casa, llueve, los perros aúllan y ves la a muerte penando”.
Una de las leyendas más conocidas de la Semana Santa panameña advierte que bañarse en un río o playa el día y hora en que se conmemora la muerte de Cristo es más que peligroso, pues se corre el riesgo de convertirse en pez o de que el agua se convierta en sangre.
También son recurrentes las leyendas sobre brujos que se transforman, en los muertos que salen de sus tumbas, zombis, el fuego fatuo, la combustión espontánea, niñas aparecidas en pasillos, las posesiones y hasta objetos que vuelan o cobran vida… A veces, uno de los objetivos de todas estas leyendas, pese a que algunas tenían una explicación científica coherente, era “aquietar” a los niños que andaba por toda la casa en momentos solemnes y que, al igual que con otras leyendas de otras culturas, forman parte de lo que somos como adultos, el otro objetivo era pasar un rato entretenido y satisfacer nuestra rara atracción hacia lo misterioso, oculto y “prohibido”.
Tan popular es este tema de las leyendas y mitos, que incluso cada casa, institución pública o privada, hospital, convento, museo, morgue, escuela o universidad, tiene su fantasma local que recorre pasillos, aparece en las cámaras de vigilancia y son presentados a los nuevos empleados gracias al personal de aseo, seguridad o compañeros de área.
Estas leyendas mágicas también nos hablan de la eterna pelea entre el bien y el mal, en procurar que, aquellos que andan en malos pasos y de pecado en pecado o, con su par de copas de más en media madrugada, cambien sus hábitos de conducta.
Si hablamos de Panamá, la fusión de culturas en el istmo dejó como resultado una rica diversidad y realmente somos un magnífico crisol de razas. Recuerde esto amigo lector, todo pueblo tiene su cédula de identidad en la cultura e historia, es lo que nos hace particular y diferentes, pero a la vez similares.
Con todos nuestros maravillosos pueblos indígenas más la cultura africana y española arraigada en el continente con la espada y la cruz, nacieron de manera sustancial todos estos mitos y leyendas.
La globalización ha traído algunas consecuencias desfavorables, entre ellas la falta de identidad de los pueblos y la pérdida de valores en temas como los ya mencionados, por ello, se hace necesario que demandemos mayores esfuerzos para el rescate de estas expresiones y se hace imperativo que los gobiernos tomen conciencia sobre la importancia cultural.
Cada país tiene su propia identidad y, como crisol de razas, puente del mundo y corazón del universo debemos respetar la identidad de quienes nos visitan y viven con nosotros, debemos valorar sus expresiones, modismos, creencias, historia y cultura, ya que con ella no sólo enriquecemos sustancialmente las propias, sino que, además, nos dejan un legado que, desde generaciones pasadas, es parte de lo que somos como latinoamericanos.
Respetando otras culturas mantenemos la nuestra, valorando los mitos y leyendas de otros mantenemos vivos los propios y, si usted amigo lector está de acuerdo, manteniendo y defendiendo nuestra identidad como latinoamericanos, no sólo sabemos de dónde venimos y quiénes somos, sino que además, podemos trazar una ruta como región y país de hacia dónde queremos ir.
