Hay algo positivo en el dolor


Existe algo que las personas tendemos a rechazar. ¿Por qué? porque es una sensación incómoda, que muchas veces trae con ella sufrimiento y malestar y que, probablemente si nos dieran a elegir, preferiríamos no tener que afrontar, concretamente hablamos del dolor, ya sea físico o emocional.

Y es que, el dolor, en cualquiera de sus formas y según tiende a sacudirnos, puede llegar a arrastrarnos en mayor o menor medida al pesimismo, a la desesperación, a la depresión y en los casos más extremos al suicidio.

Es normal, rechazarlo, porque nadie en su sano juicio abraza el dolor en cualquiera de sus formas. El dolor físico muchas veces es superable con alguna medicación, yo misma he hablado del dolor físico muchas veces.  Pero el dolor emocional, es un poco más difícil de superar y algunas personas necesitan ayuda profesional para hacerlo, ya que en esos momentos que tarde o temprano podemos vivir, pueden suponer auténticas desgracias.

Esos dolores emocionales como: Perder a un ser querido (muerte, lejanía, separación), tener que enfrentar una larga enfermedad (accidentes, cáncer, enfermedades terminales), darnos cuenta de que hay momentos que ya no volverán…, hay mucho dolor, es cierto. Sin embargo, y aunque esto pueda sonar contradictorio, también existe, a mi modo de ver, una realidad detrás de cualquier hecho positivo o negativo. Y por supuesto, también del dolor.

Y es que nada, absolutamente nada es enteramente malo o bueno. Todo tiene luz y sombra. Depende de nosotros mismos saber equilibrar nuestras emociones, aunque la tarea sea difícil en aquellos malos momentos. Entender que, por supuesto, hay etapas, cosas que debemos aceptar, asimilar, incorporar y aprender para finalmente, seguir adelante.

Y es algo que, como te decía, puede atribuirse a lo bueno o lo malo que te pasa. Así es que te planteo una pregunta: Si el dolor puede considerarse algo negativo, ¿Qué acontecimiento bueno puede desencadenar este sentimiento? O, dicho de otra manera, ¿qué huella positiva deja el dolor a su paso?

No hablamos de ese dolor que puede envenenar a las personas. Ese dolor que cuando no sabemos asimilar ni confrontar, nos lleva a querer dañar a otros. Esas son situaciones que, por supuesto, tienen lugar, pero que creo que no aportan. 

Sin embargo, sí quiero hablar del dolor que llama a ser mejor. Ese dolor que por el simple hecho de haberlo experimentado nos impulsa para evitar que otras personas lo sufran del mismo modo que nos sensibiliza y nos enseña a comprenderlo y acompañarlo.

Esa semilla es también poderosa y por supuesto, es atribuible al dolor. Porque a veces, y si somos capaces de entenderlo, nos permite aprender, conocer y despertar una mayor intimidad y valor frente a las cosas. Por supuesto, el sufrimiento a veces resulta incómodo o casi insoportable y eso lleva muchas veces a querer evitarlo.

¿Pero hasta qué punto vivir sin dolor debería ser deseable? ¿Hasta qué punto podemos desprendernos de este sentimiento? Si me preguntás a mí, te digo que no es posible hacerlo y que, de hecho, no deberíamos pretenderlo.  Si bien es cierto la vida no es un valle de lágrimas, hay situaciones que nos van a traer dolor a la vida inevitablemente.

Muchos van a decir que no hay felicidad sin sufrimiento, no es posible vivir sin dolor. No mezclemos, felicidad es felicidad, y si, tenemos muchos momentos felices, y dolor es dolor y este no es una consecuencia de ser feliz.

Pero sí podemos aprender de él, como te decía. Tomarnos el tiempo de asimilarlo y reconocer que puede llevarnos a ser mejores personas mientras sepamos qué nos aporta. Ese es “el don de la herida”.

TE ESPERO EN LA CIMA