Hoy descubriremos por qué para cambiar lo que hacés, primero necesitas cambiar quién creés que sos.

A veces, sin darnos cuenta, intentamos cambiar un hábito a base de pura fuerza de voluntad. Queremos dejar de fumar o hacer ejercicio, pero en nuestro interior nos seguimos viendo como «fumadores» o como «personas perezosas».
La vida nos enseña que tenemos un apego muy fuerte a la imagen que nos hemos creado de nosotros mismos. Si esa imagen no cambia, tarde o temprano acabaremos saboteando nuestros propios avances para ser «fieles» a lo que creemos ser.
El secreto para un cambio real es empezar por definirte de una manera nueva:
- Identificate con quien querés ser: Si querés hacer deporte, empezá a decirte: «Soy un atleta».
- Actuá según esa identidad: Un atleta hace ejercicio. No hace falta que sea una maratón; podés empezar con uno, dos o tres minutos.
- Celebrá lo pequeño: Cada vez que caminás diez minutos, te das una palmadita a vos mismo: «Claro, es que soy un atleta».
Un hábito = es una consecuencia de cómo te ves
Cuando cambiás la forma en la que te hablás, el hábito deja de ser una obligación y se convierte en algo natural. Por ejemplo, no estás «intentando» leer; es que sos un lector y los lectores leen.
Esta mirada nos da una esperanza tranquila: no hace falta ser perfectos desde el primer día, solo hace falta empezar a vernos con ojos nuevos.
