Partamos de una estadística muy actualizada: sólo el 1% de los psicópatas en el mundo están clínicamente diagnosticados y, solo un porcentaje pequeño de ese 1%, se transforman en asesinos seriales o están en cárceles.
Aunque Hollywood nos pinte al psicópata con ciertos rasgos y a su mente le vengan nombres como Hannibal Lecter, Ted Bundy, John Wayne Gacy, Charles Manson, Luis Alfredo Garavito, Jack el destripador, Richard Ramírez, Jeffrey Dahmer o, el asesino del zodiaco se sorprendería (y en grande) si a esa lista le sumo: George Washington, J.F. Kennedy, George W. Bush, Ronald Reagan, Theodore Roosevelt o Bill Clinton, solo por mencionarle algunos ¡¿cómo?! Se preguntará usted…
El psicópata estereotipado no existe y, aunque si viene con ciertos rasgos en su ADN, quienes padecen este trastorno son multifacéticos y para nada predeterminados a x estilo de vida puesto que, los niños diagnosticados con esta personalidad pueden desarrollar un lado funcional si se les cría en un ambiente sano y positivo.
¿Por qué hablo de funcionabilidad? porque existen 2 grupos únicos con este trastorno: el psicópata funcional y disfuncional, este último, es el que comete los crímenes más atroces que usted amigo lector pueda imaginar y suelen ser producto de hogares donde existen problemas de alcoholismo o drogadicción, abusos psicológicos, físicos o sexuales, violencia de género, abandono por parte de los padres o tutores, privaciones de libertades, abusos hacia animales, problemas de conducta en las escuelas y manipulación extrema.
Según un estudio de la universidad británica de Oxford en 2017, quienes presentan rasgos psicopáticos funcionales buscan puestos de CEO, gerentes financieros o de ventas, corredores de bolsa, militares, policías, bomberos, cirujanos, chefs, buzos, pilotos de prueba o combate, corresponsales de guerra y deportes extremos entre otras profesiones, puesto que los riesgos que conllevan estas actividades, les son atractivos y hasta excitantes ya que, para realizarlas con éxito, deben cortar con ciertas emociones, como remordimientos, miedos o nervios… son los que van contra corriente cuando todo el mundo suele buscar refugio.
Le pongo un ejemplo para una de estas profesiones: Cuando un cirujano está en quirófano dando lo mejor de si, no sólo debe ser frío y calculador, sino que además deben ser preciso, pensar con claridad en momentos de tensión e incluso, pueden entrar a un túnel de concentración tal, que nada los distrae al momento de pasar un bisturí por órganos vitales. Lo mismo un policía cuando corre entre balas o un bombero cuando entra a una estructura en llamas para salvar una vida.
Ahora bien, esto implica que, dentro de las empresas, posiblemente presenten problemas de comunicación, empatía, sociabilización o escucha activa y se consideren, además, narcisistas y maquiavélicos; rasgos que, por cierto, son otro tipo de personalidad que forman lo que se llama la triada letal.
Contrario a lo que se piensa, el psicópata no es impulsivo y SI está plenamente consciente de sus actos y los planea con sumo cuidado. Luego de su estudio exhaustivo, el Dr. Robert Hare, quien es la mayor autoridad en este tema, apunta a que el psicópata disfuncional lo único que carece es de conciencia moral, esto significa que, le da igual hacer el bien o el mal, de hecho, vive su vida bajo una condición llamada “border line” la cual es y cito: “un trastorno mental que impacta la forma en la que piensa y siente acerca de sí mismo y de los demás. Esta incluye: problemas de autoimagen, dificultad para manejar o reconocer las emociones o comportamientos, y suele mostrar un patrón de relaciones inestables”.
El diagnostico de psicopatía no se puede tomar a la ligera y no puede achacársele a cualquiera, además, cuando se diagnostica, sin duda es algo muy serio a tratar y solo un profesional idóneo (psiquiatra con esta especialidad) puede realizar dicho diagnóstico basándose en una prueba llamada PCL-R o la escala Hare (creada por el Dr. Robert).
La escala en cuestión es una jerarquía que asciende progresivamente desde el nivel 1 hasta el 22. Cuando llegamos al nivel 22 encontramos a la “élite del diablo” como se les conoce clínicamente. Sus crímenes involucran tortura sexual, psicológica y física prolongada, seguida por el asesinato de sus víctimas simplemente por placer, haciendo de este un proceso lento, doloroso y altamente violento. Solo 10 personas en todo el mundo llegaron a ese nivel.
¿Por qué se mimetizan con tanta facilidad? porque la buena gente no suele sospechar de ellos: no pueden imaginarse al prójimo haciendo cosas que ellos son incapaces de hacer; normalmente aceptan como explicación lo menos extraordinario y ahí se acaba todo. Por otro lado, la gente normal se inclina por ver al psicópata con un aspecto tan monstruoso como su mente, pero no hay nada más lejos de la realidad.
Cuando se contacta con un psicópata, se pueden percibir como amigables, atractivos y hasta accesibles.
Recuerde y no pierda de vista lo siguiente: existen encantadores de serpientes y serpientes que parecen encantadoras que solo esperan o planean el momento para que su víctima confié y se sientan cómodas para atacar.
Aunque es difícil saber con exactitud cuántos psicópatas hay alrededor de nosotros, un estudio citado en Reuters mencionaba que el 26% de los gerentes de recursos humanos en Estados Unidos e Inglaterra, han presenciado en algún momento conductas relacionadas a este rasgo y, el 24%, admite que, en el mundo de las finanzas, estas tipologías son comunes e incluso, deseables para lograr el éxito.
Es importantísimo que cada empresa vele por la salud mental de sus colaboradores y que, cada hogar, genere ambientes dignos para que una persona con este rasgo pueda ser del grupo funcional, logre en su vida y en quienes les rodean un desenvolvimiento sano, exitoso y lo más lejos posible de ese lado oscuro.
