Ahora que ya llevamos un cuatrimestre del año, pensamos que podríamos hacer balance de lo motivados que estamos realmente para terminar el año que tenemos por delante. Al fin y al cabo, a menudo sentimos una presión silenciosa para reinventarnos cuando dejamos atrás el año anterior: nuevos hábitos, nuevos objetivos, una pizarra en blanco. Pero ¿y si el reinicio más poderoso para 2026 no consistiera en hacer más, sino en dejar ir situaciones o personas?

Un breve mensaje que ha estado circulando últimamente en las redes sociales ofrece una perspectiva sorprendentemente atemporal: si querés vivir plenamente el presente, hay cuatro grupos de personas a las que quizá debás perdonar. No es una idea nueva. De hecho, es muy antigua y comienza más cerca de casa de lo que nos gustaría.
Tus padres, estén vivos o no. El perdón aquí no significa negar el dolor o fingir que todo estaba bien. Significa reconocer que incluso aquellos que nos amaban profundamente son imperfectos. Aferrarnos al resentimiento hacia ellos a menudo nos ancla a una versión del pasado que no podemos cambiar. El perdón afloja ese agarre, no por su bien, sino por el tuyo.
Relaciones pasadas que no funcionaron. Las rupturas dejan cicatrices, y lecciones. Algunas te enseñaron lo que no es el amor; otras te revelaron lo que realmente necesitás. Cuando revivimos viejas heridas, mantenemos vivos viejos capítulos. El perdón permite que la gratitud reemplace la amargura y deja espacio para la alegría futura.
Cualquier otra persona que te haya hecho daño. Esto suele ser lo más difícil. Palabras dichas sin pensar. Confianza traicionada. Heridas que aún duelen. Sin embargo, aferrarte a estas heridas no te protege, te aprisiona. El perdón no excusa el daño, te libera de cargar con él para siempre.
A vos mismo. Quizás sea el perdón más ignorado de todos. Por las malas decisiones. Las palabras hirientes. Las oportunidades perdidas. Los momentos que desearías poder deshacer. La vergüenza nos mantiene atrapados en el pasado; la misericordia nos impulsa a seguir adelante. Dios nunca se cansa de perdonar, pero a veces nosotros sí.
A medida que avanza el 2026, vivir en el presente puede significar mirar menos al pasado, excepto para perdonar. El perdón no borra la memoria, pero cambia su poder. Convierte las heridas en sabiduría y el arrepentimiento en humildad.
No tenés que resolverlo todo de la noche a la mañana. Pero elegir el perdón, aunque sea de forma imperfecta, es una decisión para dejar de permitir que el ayer dicte el hoy. Y esa elección, tomada en silencio, puede cambiarlo todo.
TE ESPERO EN LA CIMA
